La vida bien podría compararse con una oposición: momentos de angustia y desespero, combinados con momentos de algidez en el ánimo, o lo que es lo mismo: "sonrisas y lágrimas".
Hoy, comenzaba mi jornada opositoril de estudio con mi rutina, en la cartera: pero, de pronto se ha alojado, en ella, una gran pena...La misma que a lo largo de la tarde, se ha ido entremezclando en mis hojas de los apuntes -tan manidos, pero tan poco interiorizados, aún, por desgracia- que ha desembocado en un nudo en la garganta y las consiguientes y esperadas lágrimas. En el fondo, el desahogo era lo que más esperaba después de, casi, dos semanas colmaditas de impotencia, impaciencia e insatisfacción, en lo que a la propia oposición se refiere. Pero, aquí, no hay dos sin tres: y si a a finales de la convocatoria pasada, me fui de vacaciones con una gran alegría por el aprobado de una amiga y compañera, hoy, despido mi día con la tristeza de saber que una persona, muy querida por mí, con unas cualidades no sólo muy distinguidas, sino poco habituales en este mundillo, dice adiós a la oposición. ¿Y eso es un drama?, os preguntaréis. No, claro, la vida no se acaba ahí...La vida continúa, aún a pesar de todas las injusticias con las que convivimos, diariamente. ¿Y ha logrado alguna de ellas que el tiempo se detenga, para poder restituir el resultado desastroso de alguna de esas injusticias?: No. Pero, a mí, al menos, como persona hipersensible que soy -para bien y para mal- esos atropellos a la equidad...hacen que me plantee muchas cosas. Y es bien cierto que cada persona es un mundo y cada cual tiene su expereincia propia: por ello, comparaba -al inicio de esta entrada- la vida con la oposición: cada cual corre una suerte distinta y en ese punto, se generan resultados muy variopintos, a veces, hasta surrealistas. Quizás, porque aunque tantas veces me haya intentado convencer de lo contrario: la vida no es justa.
Y metidita en un vagón que recorre una inmensa montaña rusa, que parece no tener fin, me encuentro, cada vez más sola y diré por qué: Porque hace ya unos cuantos añitos, en el despacho de un Magistrado nos encontramos varias personas con parecidas aspiraciones, semejantes ganas y el mismo ánimo de aspirar a una plaza de Juez o Fiscal...todas y cada una de nosotras, albergaba esa ensoñación. De todas, hoy por hoy, en la brecha, seguimos 3. Y durante ese periodo de tiempo, ajustándome estrictamente, a la vida opositoril, he visto de todo: he conocido la cara del desespero, de la angustia, del terror, de la alegría -casi, casi en su máxima expresión-...Ni mucho menos se cierra la "cuenta" del año...aún estamos en octubre, pero, posiblemente, vuelva a tocar hacer balance: sí, porque cuando el ánimo se declara en huelga, las ganas se encuentran en paradero desconocido y la memoria parece que pida a gritos la incapacidad...Es, entonces, cuando te percatas de que continuar en esto puede, tan sólo, seguir alimentando un estado de agonía, que ya viene de lejos. Pero, a la vez, dejarlo sólo parece encontrar unos sinónimos poco o nada alentadores: frustración, ruptura (definitiva con tus aspiraciones y sueños) e incertidumbre.
Una disyuntiva que pide a gritos -nuevamente- una respuesta y, por tanto, una decisión. No será la primera vez ni la última que leáis sobre este tema, pues, el opositor no es más que eso: un ser cargadito de dilemas...un guerrero que pretende luchar con la inseguridad que se dibuja en su futuro, con las armas de la: constancia, la perseverancia y la fuerza y, aún así, desconoce su destino.
Y a fin de cuentas, mientras nos debatimos entre un sí y un no, aquellos a quienes -como yo- les asalta la duda...como decía la canción: "La vida sigue igual". El tiempo jamás se sienta a esperar.
Un abrazo enorme a quien, durante este tiempo que ha durado la aventura juntas, me ha enseñado tanto...tantísimo que sería imposible cerrar una lista de cosas positivas que esa persona me ha aportado: en lo relativo a la oposición y lo que es más importante en la vida. Será una utopía, pero servidora es excesivamente soñadora...Me gusta pensar que en el armario de togas de todos los juzgados de España...existen las de color negro, pero también las transparentes...Estas últimas se enfundan en personas muy especiales -quizás las que más-: aquéllas que pusieron todo de su parte y la suerte no quiso acompañar...Invisibles, como la justicia que la oposición impartió con ellas. Y, hoy, como yo, esa Justicia debe estar llorando una plaza vacante de la que podría haber sido, sin lugar a dudas, la mejor Jueza. Aún así, tendrán que verte pisando fuerte en los Tribunales, Distinguida Letrada.
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